Carta al Senado Uruguayo

9 de Abril de 2004

Honorables Miembros del Senado
República Oriental del Uruguay
Montevideo

Referencia: La Regla de Oro y los Niños No Nacidos

Honorables Senadores,

Los ojos del mundo están en estos momentos puestos en la decisión que el Uruguay habrá de tomar con respecto a los derechos de los niños y niñas no nacidos. Advocates International es una red global de abogados, jueces y líderes nacionales que representa a más de 30,000 profesionales del Derecho en 120 países, personas comprometidos con ser una voz para aquellos que no tienen voz, sea porque son pobres, porque se encuentran en condición de opresión, o porque aún no han nacido. Hay muchas sólidas razones por las que los niños y niñas no nacidos merecen “igual acceso a la justicia bajo la ley” como todas las demás personas.

En primer lugar, la Regla de Oro que resume la esencia de toda buena ley: Haz a otros como quieres que hagan contigo. Este principio es reconocido por las grandes religiones del mundo. El aborto viola este principio universal de justicia. En mis 60 años de vida, nunca he conocido a nadie que, estando en sus cabales, haya deseado haber sido abortado. Si esta es la forma en que nos sentimos aquellos de nosotros que hemos recibido el regalo de la vida, entonces los niños y niñas no nacidos debieran también recibir la misma oportunidad.

En segundo lugar, virtualmente todos aquellos que abogan en favor del aborto se refieren al ser que se encuentra dentro del vientre de una mujer como un “bebé” cuando ella elige mantenerlo. Esta nomenclatura es convenientemente cambiada de “bebé” a algo más cuando la decisión es destruirlo. La vida humana es demasiado preciosa para que se permita esta manipulación facilista de nomenclaturas. Hay ocasiones en que proteger la vida de la madre tiene precedencia sobre la vida de un niño o niña no nacido, pero esto es más una excepción que además se encuentra protegida bajo la ley de la mayoría de países.

Tercero, en un caso histórico de divorcio que ocurrió en el año 1989 en el Estado de Tennessee, Estados Unidos de América, el tema central de discusión fue la determinación de la calidad de “persona” de siete pequeños embriones humanos que pertenecían a la pareja que se estaba divorciando. La pareja había “creado” los embriones y los había puesto en reserva en siete tubos de ensayo en el congelador de un laboratorio médico. El Dr. Jerome Lejeune se trasladó desde París, Francia, para participar en el proceso como el experto más destacado en el tema en este dramático caso. En aquellos años, él era el genetista más respetado a nivel mundial, habiendo descubierto la causa genética del síndrome de Down. Él describió la concepción de un bebé en el vientre como “la sinfonía” del niño no nacido. La corte estuvo de acuerdo con él en que los siete embriones eran personas con derechos y no objetos de propiedad como si fueran juguetes de plástico.

El Proyecto del Genoma Humano llevado a cabo recientemente por el Reino Unido y los Estados Unidos de América ha confirmado de manera indubitable el testimonio del Dr. Lejuene sobre “la sinfonía” del niño no nacido. El Proyecto del Genoma Humano ha rastreado precisamente la historia genética de la célula humana. Los cinco años que el proyecto requirió demandaron un financiamiento de tres billones de dólares americanos y que las computadoras más potentes del mundo trabajaran 24 horas al día, siete días por semana, para poder llegar a describir la increíble historia genética de una célula humana. Cada célula tiene más de ocho billones de bits de información – como palabras y letras en cientos de enciclopedias – del lado de la familia de la madre que se encuentran en el momento de la concepción con otros ocho millones de bits de información del lado de la familia del padre. En la concepción, a través del proceso de “recombinación” el óvulo materno y el esperma paterno intercambian la información de estos 16 billones de bits necesarios para hacer una nueva persona – un bebé. Este milagro en cámara lenta comienza el proceso de crecimiento del bebé en el vientre de la madre, a un ritmo promedio de 25 billones de células por día, un billón de células por hora y 15 millones de células por minuto. Para el momento en que el bebé nace, él o ella tiene más de cinco trillones de células. Lo más sorprendente de todo es que, con excepción de los glóbulos rojos, cada célula guarda increíblemente el mapa genético completo necesario para poder reproducirse a sí misma, letra por letra, sin ningún error. Este es un verdadero milagro que merece y necesita la mayor protección legal.

Nuestra hija Mónica está esperando nuestro primer nieto o nieta. Todos en la familia estamos muy emocionados. Su bebé tiene ahora diez semanas de edad y mide solamente diez centímetros de largo. Esta semana su médico le ayudó a escuchar los latidos del corazón de ese pequeño bebé en su vientre. El corazón del bebé late 140 veces por minuto. Los juguetes de plástico no tienen latidos ni corazón. Es así como todos nosotros iniciamos un día este viaje que llamamos la vida.

El día de hoy, 9 de abril, es el cumpleaños número 88 de mi madre. Me siento muy agradecido de que ella no fuera abortada. También me siento muy contento de que ella no me abortara a mí. En esta misma fecha, 9 de abril en el año de 1966 – cuando mi madre cumplió 50 años de edad – yo recibí la noticia de mi admisión a la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard. Me siento muy agradecido de haber estado vivo para saludar aquella oportunidad en mi vida. Veo todo en la vida como un regalo en este viaje y esta historia que comienzan en la concepción.

Es la esperanza de todos los miembros de la Red Global y de la Red Latinoamericana de Advocates International, que nos hemos comprometido con defender la vida y la justicia, que Uruguay elegirá la vida en vez de la muerte en este momento crucial en la historia de América Latina.

Nuestra oración es que en su persona, en el Parlamento y en todo el Uruguay gane la vida.

Atentamente,

Samuel E. Ericsson
Fundador y Presidente

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